Un termómetro avisa de que algo no va bien, pero no identifica qué, y mucho menos por qué. La causa puede ser una infección, la inflamación de un tejido, un estrés fisiológico o decenas de mecanismos distintos que permanecen ocultos detrás de un único indicador visible. Bajar la fiebre con un antitérmico calma al paciente, no le cura. Con la experiencia de cliente ocurre algo muy parecido.

