Prácticamente todos quienes han vaticinado el fin de alguna metodología o métrica se han equivocado. Le dieron de baja a las sesiones de grupo, a las encuestas y a muchos de los indicadores de experiencia del cliente.
Durante años, las organizaciones han realizado un importante esfuerzo para profesionalizar la medición de la Experiencia de Cliente. NPS, CSAT o CES forman ya parte habitual de los cuadros de mando y permiten conocer mejor cómo perciben los clientes su relación con una compañía.
Llevamos ya algunos años escuchando que la inteligencia artificial va a transformar la relación entre las empresas y sus clientes. Y en muchos aspectos es cierto: los modelos de IA procesan datos a una velocidad nunca vista, personalizan mensajes a escala y detectan patrones que ningún analista encontraría en una hoja de cálculo.
En el ecosistema empresarial actual, saturado de notificaciones, ofertas de “último minuto” y correos transaccionales, el cliente se ha acostumbrado a ser tratado como un número de pedido o una conversión en un embudo de ventas. Recibimos un “gracias” cuando pagamos, cuando nos suscribimos o cuando renovamos un contrato. Es una gratitud condicional: “Te doy las gracias porque me has dado algo”. Sin embargo, existe una herramienta mucho más potente, casi disruptiva por lo poco que se usa: la gratitud…
En el mundo de la experiencia de cliente y del marketing tradicional solemos pensar que el cliente es un ser racional que analiza cada variable antes de comprar. Sin embargo, la economía conductual nos ha demostrado lo contrario: somos predeciblemente irracionales.
2026 no será “el año de la IA”. Eso ya pasó en 2025: la inteligencia artificial se ha convertido en infraestructura y en una tecnología que todos tenemos que ir incorporando en nuestros negocios.
Durante años se pensó que las decisiones de compra eran racionales: comparar precios, analizar características y elegir la mejor opción. Sin embargo, la neurociencia ha demostrado que esta idea está lejos de la realidad. Hoy sabemos que el cerebro decide antes que la razón, y que la mayoría de las decisiones de compra se toman de forma inconsciente y emocional. Aquí es donde entra en juego el concepto de neuroventas. Las neuroventas combinan conocimientos de neurociencia, psicología y marketing para…
En el día a día, nuestras decisiones rara vez son fruto de una reflexión racional y exhaustiva. Más bien, al contrario: elegimos en contextos cargados de señales y estímulos, con escasez de tiempo y dejándonos llevar por sesgos cognitivos y atajos mentales.
La Asociación DEC ha sido distinguida con el Premio al Mejor Proyecto de Innovación e Impacto en Economía Conductual en la III Edición de los Premios de la Sociedad Científica de Economía de la Conducta (SOCEC).

